Publicado en

Maleficio en la Capital: El Reto de Posicionar el Mezcal de Autor en la CDMX

En una metrópoli donde la oferta de destilados es tan vasta como su territorio, abrirse paso con una propuesta artesanal requiere más que un buen producto; exige una narrativa que conecte con la raíz. Dagoberto Ríos, encargado de la distribución de Mezcal Maleficio en la Ciudad de México, lidera esta misión: traer la tradición de una familia oaxaqueña a los paladares más exigentes de la CDMX.

Raíces que cruzan el valle

La historia de Maleficio no nació en una oficina de marketing, sino en un palenque en Ejutla. «Oaxaca está muy ligado a mí desde la sangre», explica Dago, quien desde niño recorría los campos de su tío Beto. Hoy, esa herencia ha pasado a una nueva generación: sus primos Javier (maestro mezcalero), Emmanuel (experto en campo) y Ana (administración), quienes hace 13 años decidieron profesionalizar la producción familiar bajo una identidad propia.

Hace un par de años, Dago asumió el reto de ser la extensión de esta familia en la Ciudad de México, transformando una producción limitada en una marca con presencia en los circuitos más exclusivos de la capital.

La estrategia: El arte como vitrina

A diferencia de las grandes marcas industriales que inundan los centros de consumo masivo, Maleficio ha optado por un camino más orgánico y cultural. Su estrategia en la CDMX se ha centrado en el patrocinio de eventos de nicho.

«Hemos elegido tener presencia en eventos de arte y cultura», señala Dago. Desde festivales de cortometrajes como Shorts México y el Festival de Piano en el CENART, hasta ferias de creadores como Art Toys. Esta táctica no es casual; busca al consumidor que valora la pieza única, el «mezcal de autor» que, al igual que una obra de arte, tiene un proceso manual y una producción limitada.

El reto cultural: Grados de pureza

Uno de los mayores obstáculos que Dago ha identificado en la capital es la brecha educativa del consumidor. En un mercado acostumbrado a mezcales industriales de baja graduación (37 a 43 grados), Maleficio se mantiene firme en los 48 grados de alcohol, una característica propia del mezcal artesanal auténtico.

«El reto es explicar que el mezcal artesanal es un nicho diferente. Un producto con procesos manuales, lotes pequeños y sin aceleradores químicos es, por naturaleza, más costoso y complejo», afirma. Para Dago, la industria masiva ha ayudado a dar a conocer la categoría, pero Maleficio llega para ofrecer el «complemento de nicho» para quienes buscan consistencia y cuerpo, logrados mediante un ajuste alcohólico realizado estrictamente con puntas, sin una gota de agua.

Sustentabilidad: La mirada en el 2026

El crecimiento de la marca en la CDMX no pierde de vista el origen. Dago es enfático en que la supervivencia de la marca depende del campo. Con acciones de reforestación para garantizar la leña y el cultivo de agaves silvestres para preservar las semillas, Maleficio busca ser un modelo de sustentabilidad en una industria que enfrenta grandes desafíos ambientales.

«Si no cuidamos el campo, no hay nada de lo demás», sentencia. Esta filosofía es la que llevan a cada mesa y cada evento en la ciudad: un respeto absoluto por el tiempo del agave, que en variedades como el Tepeztate o el Coyote, puede representar lotes de apenas 400 botellas.

El futuro: De la CDMX al mundo

Aunque la mirada está puesta en mercados internacionales como Estados Unidos, el corazón de la operación hoy late en la Ciudad de México. A través de una distribución personalizada y una próxima plataforma de venta en línea, Maleficio busca consolidarse no solo como una bebida, sino como un acompañante en la dualidad de la vida —esa que su logo, un tridente con un corazón, representa tan bien: el bien y el mal, la alegría y la melancolía, servidas en una misma copa.

Instagram:

www.instagram.com/dago.mezcal

www.instagram.com/mezcal_maleficio_oficial

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×