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Honor i Amor: El Legado de la Tierra y el Perdón en una Gota de Mezcal

Una conversación con Julián Rodríguez Ramírez sobre raíces, duelo y la alquimia de emprender.

En los rincones donde la Sierra Madre del Sur se abraza con el Istmo de Tehuantepec, nace algo más que plantas: nacen historias. Julián Rodríguez Ramírez, originario de Santa María Ecatepec, Oaxaca, no solo produce mezcal; destila la memoria de su familia y la resiliencia de su comunidad.

Hace cuatro años, en medio de la incertidumbre global de la pandemia, Julián decidió dar un paso que cambiaría el rumbo de su herencia familiar: dejar de vender la materia prima para crear su propia marca, Honor i Amor. Nos sentamos con él para conocer el viaje desde los campos de maguey hasta las barras de especialidad.

Mapa Mezcalero: Julián, para empezar, cuéntanos un poco sobre tus raíces. ¿Cómo inicia tu relación con el mezcal y de dónde vienes?

Julián Rodríguez: Vengo de Santa María Ecatepec, un rinconcito muy específico donde colindamos con los Valles Centrales y la Costa Oaxaqueña. Fuimos premiados con una tierra muy fértil. Mi relación con el mezcal es de raíz; desde que tuvimos conciencia de abrir los ojos, ya estábamos entre magueyes.
No puedo decirte exactamente qué generación empezó, pero mis abuelos y tatarabuelos ya vivían de esto. De niños, el campo no era juego, era trabajo. A veces uno quería jugar, pero había que ir a ver los burros, traer leña o acompañar a la abuela a limpiar el terreno. Eso nos forjó el carácter. Aprendimos a trabajar la tierra con dedicación y empeño. En el palenque, uno empezaba haciendo lo que su edad le permitía: arrear la mula, atizar la hornalla o simplemente platicar con el que estaba «palenqueando» para que no se durmiera. El conocimiento entra observando, y así crecimos mis hermanos y yo.


Mapa Mezcalero: Mencionas que el proyecto como marca nace hace cuatro años. ¿Qué detonó la decisión de crear «Honor i Amor»?

Julián Rodríguez: Nace de ver que, aunque trabajábamos mucho, los beneficios no se veían. Los compradores llegaban y ponían su precio, sin valorar el trabajo del productor ni los años de espera de la planta.
La semilla se plantó realmente en 2016. Mi hermano Sergio, que en paz descanse, decidió que no quería estudiar, que lo suyo era el campo. Me dijo: «Quiero tener mi rancho, mis magueyales y mi palenque». Empezamos a sembrar masivamente, año con año, diversificando especies: Sierra Negra, Pelón Verde, Chuparrosa. Para 2020, con la pandemia y el maguey ya maduro, decidimos dar el salto. Empecé trayendo mezcal a la Ciudad de México en botellas de plástico para mis compañeros de la fábrica donde trabajaba. Fue picar piedra desde cero.


Mapa Mezcalero: El nombre de la marca es muy potente. ¿Qué historia hay detrás de «Honor i Amor»?

Julián Rodríguez: El nombre es un homenaje a mi madre, Honoria Rodríguez. Ella fue asesinada en 2018 debido a un conflicto de tierras comunales, algo lamentablemente común en Oaxaca. Fue un golpe durísimo.
Buscábamos nombres y alguien sugirió jugar con el suyo. Al separarlo, quedan dos palabras fuertes: Honor y Amor. Mi madre siempre nos educó para no buscar venganza, nos decía que el «ojo por ojo» no construye nada. Nos enseñó a amar la vida, a compartir y a dar la mano sin mirar a quién. Esa es la filosofía de la marca. De ahí viene todo.
«El rencor es como tomar veneno esperando que el otro muera. Es mejor liberarnos, ir tranquilos y disfrutar la vida.»


Mapa Mezcalero: Los inicios suelen ser difíciles. ¿Cómo fueron tus primeras experiencias tratando de vender tu marca en eventos?

Julián Rodríguez: Fue una escuela de humildad. Recuerdo mi primer evento formal; la mesa costaba 1,800 pesos, que para mí era el dinero de una semana de comida. Fui con miedo, solito, mientras veía a otras marcas con equipos grandes y uniformados. Afortunadamente, vendí todo, incluso ayudé a vender a otros compañeros.
Pero no siempre fue así. Hubo eventos donde ni siquiera querían probarlo, donde no sacábamos ni para el pasaje. Hubo noches que tuvimos que dormir en la calle o esperar a que abriera el metro porque no teníamos para el hotel. Pero poco a poco, fui conociendo gente, haciendo redes. Pasé de llevar botellas de contrabando en una mochila al Pepsi Center, a tener hoy presencia en lugares importantes.


Mapa Mezcalero: Hoy en día, ¿qué variedad ofrece Honor i Amor y qué distingue a su proceso?

Julián Rodríguez: Actualmente tenemos 13 etiquetas. Desde los clásicos como el Espadín y el Tobalá, hasta destilados especiales como el de Elote, uno de Café, y uno muy especial: el Rosa de Castilla, que fue creación de mi hermana. También tenemos un destilado de pulque que ha gustado mucho.
Lo que nos distingue es que cuidamos la calidad por encima de la cantidad. Nuestras producciones son pequeñas; si se acaba una variedad, se acaba hasta la próxima producción. No somos una industria que produce miles de litros sacrificando la riqueza cultural. Cada botella lleva el trabajo de la familia, el respeto a los ciclos de la luna y la tradición de los abuelos.


Mapa Mezcalero: Para cerrar, Julián, ¿qué viene para el futuro y qué mensaje te gustaría dejar?

Julián Rodríguez: El gran sueño que tenía mi hermano Sergio está por cumplirse: estamos terminando de armar nuestro propio palenque en Santa María Ecatepec para empezar a trabajar ahí en enero. Ya no tendremos que rentar ni pedir prestado.
Y el mensaje es simple: siempre podemos hacer el bien. Si nos equivocamos, hay que perdonar y perdonarnos. No se puede ir por la vida cargando maletas de rencor. Hay que trabajar, avanzar sin «joder» a nadie y, si se puede, ayudar. Al final, se trata de pasarla bien y compartir.

Mas info: https://www.instagram.com/honoriamormezcal/

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